Descripción de yacimientos
españoles

Las piritas de la Mina Ampliación a Victoria en Navajún, La Rioja

El yacimiento "Ampliación a Victoria" de piritas se encuentra situado en la Sierra de Alcarama a cuatro kilómetros del pueblo de Navajún. Los ejemplares de este yacimiento son internacionalmente conocidos y apreciados, convirtiéndose esta localidad en todo un referente de la mineralogía española.
 
Las piritas de este yacimiento se encuentran diseminadas entre los niveles de margas correspondientes al Cretácico (Weald). Junto a la pirita aparecen yesos, clorita y óxidos de manganeso, pero todas ellas sin ningún interés coleccionístico.
 
La pirita aparece casi únicamente en su forma cúbica, raramente en otras formas cristalinas y solo en muy pocos casos con sus aristas biseladas.  Aparecen ejemplares sueltos y en matriz, formados por cubos individuales o agrupaciones de dos o más elementos. Las caras de los cristales aparecen lisas y rayadas con estrías. En 2011 se encontraron cristales con forma de paralelepípedo y casi prismático, nada comunes para este yacimiento.
 

 

 

3 x 3 x 3 cm -  Cristal cúbico de pirita típico de esta localización.

 

 
6 x 5 x 5 cm. - Ejemplar formado por la agrupación de dos cristales cúbicos de pirita. En ambos cristales se puede apreciar la estriación típica de este mineral

 
 
2 x 2 x 2 cm. - Esquema donde pueden verse los tres cristales que forman este ejemplar y como están interconectados

 

 
9 x 9 x 7 cm. - Agrupación de tres cristales de pirita en matriz. Tiene caras planas y muy brillantes similares a un espejo

 

 
9 x 9 x 7 cm. - Detalle del ejemplar anterior. El tamaño de los cristales es de 2 cm.

 
 
4 x 2 x 2 cm. - Diagrama para mostrar las caras cúbicas de los cristales y la interconexión entre ellos.

 

 
10 x 8 x 8 cm. - Agrupación de dos cristales en matriz. Es un ejemplar curioso que tiene un cristal más pequeño alargado incluido dentro de otro cúbico mayor.

 

 
3 x 3 x 3 cm. Detalle del cristal del ejemplar anterior
 
 
3 x 3 x 3 cm. Diagrama para delimitar en el ejemplar anterior el cristal alargado más pequeño
 
Accede a los siguientes enlaces si quieres ver más fotos de piritas de este yacimiento:

 
 
 
 

Las Salinas de Espartinas






Salinas de Espartinas


Resumen 

Con estas líneas sobre las Salinas de Espartinas, mi objetivo no es otro que el de dar a conocer un poco más este yacimiento, que por una parte no ha tenido gran importancia al no obtenerse espectaculares ejemplares de colección, pero desde un punto de vista mineralógico e histórico sí que ha tenido una gran relevancia. El origen de este trabajo fue una visita para hacer algunas fotos a las salinas y, fruto de mi curiosidad y de lo interesante que me parecía todo lo que iba leyendo acerca de este yacimiento, decidí plasmarlo en las líneas que hoy os escribo. Lo que aquí os presento no es más que la consolidación y resumen de información accesible en Internet y de bibliografía que tenía a mi disposición. Espero que sea de vuestro agrado, y que lo disfrutéis leyendo como yo he hecho escribiéndolo. 


Introducción 

Al sur del término municipal de Ciempozuelos, en Madrid, se encuentra una de las explotaciones de sal más antiguas de la Península. Debido a su importancia histórica y su singularidad geológica, ha sido muy bien estudiada, existiendo un amplio registro arqueológico y documental. 

La acumulación de elementos arqueológicos, naturales, históricos y antropológicos convierten a las Salinas de Espartinas y al Barranco de Valdelachica en un espacio único. Alrededor de la Mina el paisaje nos muestra indicios de actividades de extracción artesanales, restos de balsas de evaporación y gran cantidad de cuevas artificiales. 

A los pies de esta explotación minera, se instalaron grupos de cabañas en las Edades del Bronce y del Cobre, poblados carpetanos durante la Edad del Hierro, villas romanas, asentamientos visigodos, cuevas musulmanas, ermitas cristianas, así como factorías modernas que algunas han llegado hasta nuestros días. 

Desde tiempos remotos, la sal se ha considerado un preciado tesoro y según avanzaba la civilización, ésta iba encontrando su lugar, tanto como elemento conservador de los alimentos, como condimento, o como alimento del ganado, que en su justa medida es necesaria para la vida. Si a esto le unimos que es un producto escaso en las zonas de interior, alejadas del mar, podemos entender la importancia de un lugar como las Salinas de Espartinas para extraer este valioso elemento. 

Su nombre proviene de la gran cantidad de esparto que se encuentra en los alrededores de este lugar y que también fue una importante materia prima para hacer cuerdas, alpargatas y cestos. El agua, la sal, la caza y las fibras vegetales, ayudaron a que este paraje se convirtiera en aposento ideal para aquellas culturas que decidieron asentarse en él. 

En relación con el medio físico es de destacar sus valores geomorfológicos, mineralógicos por sus sales y sulfatos característicos, así como por los botánicos, apareciendo endemismos y plantas asociadas a suelos con alto contenido en sal. 

Actualmente, este paraje se encuentra bajo la protección arqueológica grado A (Normas subsidiarias de Planeamiento Municipal, 1994), encuadrado en el Parque Regional del Sureste, Zonas C y declarado Bien de Interés Cultural por parte de la Comunidad de Madrid en el año 2.006. 


Geología 

Las Salinas de Espartinas se localizan en la Cuenca del Tajo, una depresión terciaria situada en la parte central de la Península Ibérica y limitada por el Sistema Ibérico, el Sistema Central y los Montes de Toledo. 

En el centro de esta depresión se encuentra la Cuenca de Madrid, formada por tres unidades principales a escala regional: La Unidad inferior, caracterizada por los materiales evaporíticos; la Unidad Intermedia, en la que predominan los materiales arcilloso-carbonáticos; y la Unidad Superior, dónde se encuentran generalmente materiales detríticos. En las limitaciones entre las Unidades aparecen discontinuidades de diversa importancia y están asociadas a fenómenos tectónicos ocurridos durante el Mioceno. 

La Unidad inferior o Unidad Salina contiene abundantes y diversas sales, incluyendo cloruros y sulfatos, destacando la halita, la glauberita, la thenardita y la mirabilita, siendo algunas de esta especies descritas por primera vez en la Cuenca del tajo. 

Estos depósitos salinos se formaron durante el Mioceno debido a la alteración y lixiviación de las rocas circundantes, siendo conducidos el sodio y el magnesio a los lagos continentales existentes en cuencas restringidas, que favorecieron la concentración de las salmueras y que, posteriormente, debido al descenso de la temperatura ambiente, precipitaron en forma de sales para más tarde sedimentar. 

Sólo se ha reconocido una profundidad de 250 m. en la Unidad Salina y las sales sódicas se concentran en una zona muy pequeña comparada con la extensión total de la unidad. 


Historia 

Los estudios realizados por la Sociedad Española de Historia de la Arqueología han demostrado que las Salinas de Espartinas han sido explotadas como mínimo desde el Calcolítico, suponiendo una explotación ininterrumpida de casi 4.000 años, y con la probabilidad de que fuera en el Neolítico. Por tanto, son junto a las Salinas de Imón en Guadalajara y las Salinas de Cardona en Barcelona, las más antiguas que se han reconocido en España. 

Existen restos de presencia musulmana y cristiana en la zona pero, sin embargo, la primera documentación que aparece data del Siglo XII, coincidiendo con los momentos de la repoblación en la Baja Edad Media. A partir de este siglo ya se conservan bastantes documentos escritos sobre las salinas. 

En Agosto del año 1.182, caballeros de la Órden de Calatrava consiguieron las salinas, a cambio de entregar a la Órden de Santiago la Villa de Ocaña. Estas salinas habían pertenecido al alfoz segoviano. En este momento, la renta conseguida por los calatravos por la explotación de las salinas podía calcularse en unos 100 cahíces de sal, valorándose cada cahíz (12 fanegas) en un maravedí. 

De esta época, existen numerosas provisiones dictadas durante los reinados de los Reyes Católicos, Juan I y Carlos I en los que se indica la forma en que se regulaba su aprovechamiento. 

Durante la Edad Media se construye la Ermita de San Juan Bautista, dando a las salinas también el nombre de San Juan de las Salinas de Espartinas. 

Cuatro siglos después y en época de Felipe II, la crisis económica se manifestó en el sector salinero, debido al incremento del precio de la sal, al descenso de la producción, al fraude, a todo tipo de corruptelas y abusos generados principalmente por una política fiscal agresiva con el sector salinero. Como primera medida, Felipe IV ordenó sustituir los impopulares servicios corrientes de Millones (*) por un sobreprecio de la sal, obligándose poco después a establecer el Estanco de la Sal, para posteriormente volver de nuevo a los servicio de Millones. El asiento de 1.635 por el que Diego Rodríguez Matós tomo en arriendo las salinas de Atienza, Espartinas, Cuenca y Murcia, responde tanto a la necesidad de la Corona de obtener ingresos, como a la regulación y ordenación de dichos partidos, obligando a garantizar el abastecimiento de la sal a un precio estable. 

La producción de las salinas reales alcanzaba los 1.339.000 Kg de sal común, así como 257.000 Kg. procedentes de pozos particulares que se sumaban a los primeros. Supone este período el de máximo esplendor de las explotaciones. 

En el Siglo XVIII y en plena Guerra de Sucesión, en cuyo transcurso se vio envuelto el municipio de Ciempozuelos, las salinas sufrieron los desmanes de las tropas del archiduque Carlos de Austria, que profanaron la Ermita de San Juan Bautista de Espartinas. 

Durante el Siglo XIX, la explotación de las salinas se mantenía abasteciendo los almacenes de Aranjuez, Toledo, San Martín de Valdeiglesias y Madrid, punto tradicional de venta y en donde todavía existe la Calle de la sal en los accesos a la Plaza Mayor, alcanzándose una producción a mediados de siglo cifrada en 565.500 Kg. por año. 

En las más de 17 Ha. que ocupaban las salinas, se levantaban multitud de instalaciones, incluyendo la fábrica, con un patio central de 2.500 m2, situándose alrededor del mismo las dependencias; la Ermita de San Juan con muros de mampostería, las casas del comandante, administrador, pesador y cabo, que tenían patio, corral, cuadras, pajar, cueva, gallineros, cámaras y habitaciones; dos almacenes, que podían guardar más de 60.000 quintales de sal y que se construyeron con mampostería reforzada por machones en talud, donde el mayor de ellos estaba equipado con un andén para la carga y descarga poseyendo una buena armadura compuesta por nueve pies derechos; para finalizar las habitaciones de los dependientes, establos y almacenes de herramientas. 

El descubrimiento en 1.826 de la thenardita por José Luis Casaseca, impulsó la reactivación de estas salinas, ya que a parte de la producción de la sal común, muy afectada por la competencia de las salinas costeras, se le unía la producción y distribución de sulfatos de sosa, muy demandados en los procesos industriales de la época. 

Con la llegada del ferrocarril se produjo una buena pérdida de la función de las instalaciones, debido a que el transporte se abarataba y con ello el precio de la sal marina traída desde la costa. En 1.850 con el trazado del tren y su construcción al pie de las salinas, se perdieron aproximadamente 300 eras de terreno de las mismas. 

Tras el Estanco de la Sal establecido por Felipe II, en el año 1.869, Las Cortes aprobaron una Ley para la libre fabricación y venta de sal, dejando de ser propiedad de la corona y que es conocida como El Desestanco de la Sal. 

En 1.871 y durante la desamortización de fincas rústicas que llevó a cabo el municipio de Ciempozuelos, las salinas se adjudicaron a un particular por 141.000 pesetas. 

Según datos proporcionados por la "Geografía Médica de Ciempozuelos", de las doce balsas de evaporación existentes ya a finales del Siglo XIX, se obtenían de 30 a 40 vagones de sal común y unos 15 de sulfato sódico. 

Ya en el Siglo XX, según indica la Estadística Minera entre los años 1.903 y 1.925 la producción tanto de cloruro sódico, como de sulfato de sosa se produjo a buen ritmo. En 1.912 se empleaban dieciséis trabajadores para la obtención de la sal, incluyendo ocho niños con edades comprendidas entre los seis y los diez años, empleando una jornada de ocho horas y con el apoyo para la preparación de sus productos únicamente de un molino movido por caballería mayor. Los jornales eran de 2 a 2,50 pesetas por jornada para los adultos y de 1,25 pesetas para los niños. En 1.913 esta cifra aumentó, empleándose durante la campaña de invierno con 9 meses de duración a seis obreros, y en el resto de meses correspondientes a la campaña estival, veinte hombres y tres muchachos, manteniéndose los sueldos indicados para 1.912. 

En 1.926 la producción de sal común y sulfato de sosa sufrió su primera gran disminución, pasando de una producción en años anteriores de 1.000 Toneladas a 200, suponiendo una bajada de ingresos con respecto al año anterior de 44.000 a 8.000 pesetas, es decir 36.000 pesetas. Se pasó de los 14 obreros de 1.925 a los 6 de este año. Durante 1.927 las cifras se mantuvieron similares. 

Tras la Guerra Civil, la producción de sal común y sulfato sódico se redujo hasta el mínimo, dejando de ser rentable su producción. Sólo algunas pocas familias hicieron pervivir tras la postguerra y hasta casi 1.960, la ya poca importante actividad salinera, hasta su decadencia y cierre definitivo, desapareciendo con ella los caseríos y la antigua Ermita de San Juan Bautista. 

(*) Servicios corrientes de Millones: Impuesto que se enmarca dentro de la necesidad imperiosa de la corona para recaudar fondos frente a los numerosos requerimientos económicos en política internacional desde los reinados de Felipe II, para acabar siendo utilizados como forma de financiación para hacer frente a los problemas en Cataluña y Portugal, así como a la cada vez más voraz máquina estatal. Las oligarquías municipales van a utilizar este sistema, además de una forma de coartar el poder real, como una forma de afianzar su poder municipal. Puesto que tenían libertad a la hora de redistribuir las cantidades entre la población, y ante la falta de una administración tributaria, tal y como la podemos considerarla hoy día, las oligarquías de las ciudades van a generalizar el fraude en la recaudación, como parece demostrado por los estudios realizados a ese respecto. 

Fragmento de plano del IGN serie histórica 1:50.000 en el que se pueden observar las balsas existentes en este momento.

Fragmento de plano del IGN serie histórica 1:50.000 en el que se pueden observar las balsas existentes en este momento.



Métodos de explotación 

Las excavaciones realizadas demuestran que estas salinas han sido explotadas desde el Calcolítico y muy probablemente de antes, ya que no se ha alcanzado la base de las mismas, con lo que las convierte en las más antiguas de la Península. El método más antiguo descubierto, seguramente desde el Neolítico y hasta la Edad de Bronce final, es el mismo que en el resto de Europa y consistía en obtener la sal por calentamiento al fuego del agua salobre en vasijas. Igualmente, se utilizaba también la recolección directa en charcos y riberas de los arroyos cercanos en época estival con el objetivo de ahorrar combustible. 

El agua se calentaba en grandes vasijas que se situaban en agujeros en el suelo, que hacían de cámaras de combustión y en los que se colocaba un entramado de madera como combustible. El agua salobre de estas vasijas, según se iba calentando, se iba convirtiendo en una masa viscosa por su fuerte concentración salina, lo que indicaba que la cristalización de la sal se estaba iniciando. Entonces la salmuera producida se vertía en unas vasijas más pequeñas, hirviéndose hasta conseguir la formación de unos panes de sal, rompiéndose la vasija y quedando los panes de sal listos para su transporte y uso. En vez de utilizar hornos tradicionales, que hubieran generado mucho calor y constante, para conseguir mayor pureza de la sal, el proceso de cocido debía realizarse lentamente, intentando evitar la formación de burbujas para así conseguir una masa más compacta. Por este motivo, las cámaras no estaban demasiado cerradas y buscando un calor latente que se mantendría por las grandes vasijas. 

También de época prehistórica se encuentran las primeras balsas utilizadas para decantar cualquier impureza que contuviera el agua salobre. Estas balsas, de forma elíptica y de menos de un metro de radio en su parte más ancha, se construían con greda, para impermeabilizar e impedir las filtraciones de agua. Son muy similares a otras encontradas en Inglaterra, lo que confirma la similitud de obtención de la sal, aún cuando las distancias para la época prehistórica eran grandes. 

A partir de la Edad Media, la explotación se realizaba únicamente mediante balsas, no apareciendo ningún indicio que demuestre lo contrario. La utilización de las balsas para la cristalización de la sal es anterior al control de la producción y distribución por la Roma Imperial y ha sido el método más utilizado hasta nuestros días. El gran número de oquedales presentes junto a las balsas, puede indicar el que se utilizara un método combinado de cuevas y balsas para la obtención de la sal. El proceso sería similar al siguiente: El agua que se depositaba en el fondo de las oquedales, haría precipitar los elementos nocivos como el sulfato. Este agua limpia y preparada para obtener la sal para consumo alimentario, se terminaba de obtener por evaporación en la balsa contigua. 

Durante La Revolución Industrial (Siglo XIX), los sulfatos de sosa fueron adquiriendo mayor importancia económica para la elaboración de procesos industriales y en especial para la elaboración de jabones. En verano y utilizando el proceso descrito de balsas y evaporación, se obtenía la sal común, mientras que en invierno se explotaban las sales sódicas que se acumulaban en las galerías. Se apresaba el agua en dichas galerías y se introducía aire por unos pocillos de ventilación. Este aire frío ayudaba a la cristalización salina. El sulfato se llevaba a fábricas para su tratamiento, obteniéndose sosa y barril (sulfato sódico comercial). Mediante está técnica de aprovechar el calor veraniego para obtener el cloruro sódico y del frío invernal para la obtención de los sulfatos sódicos, se conseguía abaratar considerablemente los costes. Esta forma de obtención de las sales se prolongó hasta bien entrado el Siglo XX, describiéndose como forma de laboreo en la Estadística Minera del año 1.922. 

A partir de la Edad Moderna, el agua salobre se obtenía principalmente de dos veneros, la Mina Grande y la Mina Chica, siendo la primera la más más abundante y de mayor calidad de las dos en el suministro del agua salobre. Una vez las aguas salían al exterior de las minas, eran conducidas a la Balsa de San Miguel, utilizada como calentador, mediante canalizaciones de madera, sin clavos para evitar la corrosión salina, de escasa pendiente, y yendo desde aquí a diversas balsas de evaporación que cubrían una superficie superior a los 6.000 m2. Posteriormente, las canalizaciones de madera fueron sustituidas por otras de uralita, que son las que se pueden ver actualmente. Para evitar que el agua se evaporara en los canales y la sal cristalizase, éstos se cubrían con losas de granito, planas por una o las dos caras, talladas y probablemente procedentes de las antiguas villas romanas existentes en las proximidades a las salinas. 

De las balsas existentes, cinco de ellas se revestían de tablas de madera llamadas andenes, mientras que para el resto se ponían esteras de esparto en los bordes. La elaboración de las balsas era compleja y se necesitaban al menos dos composturas anuales para finalizarlas. Para impermeabilizarlas se utilizaba arcilla, previamente regada con salmuera y aplastada a golpes de mazo, colocándose en ocasiones un recubrimiento de madera para producir sal de mejor calidad. En ocasiones el suelo de las balsas se hacía con cantos rodados fileteados, razón por la cual todavía por los alrededores se pueden encontrar algunos, e incluso también han aparecido en la antigua villa romana próxima, lo que podría indicar que también los romanos que habitaban las zonas próximas utilizaran el método de balsas para la obtención de la sal. 


Fragmento del plano de las Salinas de Espartinas hacia 1860. Se ve con precisión la situación de las balsas, canalizaciones y caserío con almacenes, viviendas y ermita. Fuente: Ciempozuelos, fichas para la identificación del patrimonio, Ayuntamiento de Ciempozuelos y la Sociedad Española de Historia de la Arqueología.

Fragmento del plano de las Salinas de Espartinas hacia 1860. Se ve con precisión la situación de las balsas, canalizaciones y caserío con almacenes,viviendas y ermita. Fuente: Ciempozuelos, fichas para la identificación del patrimonio, Ayuntamiento de Ciempozuelos y la Sociedad Española de Historia de la Arqueología.

Grandes vasos o recipientes troncocónicos confeccionados a mano y relacionados con la primera cocción de agua salobre para precipitar la sal. Fuente: Cerámicas a mano utilizadas en la producción de la sal en Salinas de Espartinas (Ciempozuelos, Madrid), Sociedad Española de Historia de la Arqueología.

Grandes vasos o recipientes troncocónicos confeccionados a mano y relacionados con la primera cocción de agua salobre para precipitar la sal. Fuente: Cerámicas a mano utilizadas en la producción de la sal en Salinas de Espartinas (Ciempozuelos, Madrid), Sociedad Española de Historia de la Arqueología.

Pequeñas vasijas o cuencos confeccionados a mano que se romperían para extraer la sal una vez solidificada la masa salobre. Fuente: Cerámicas a mano utilizadas en la producción de la sal en Salinas de Espartinas (Ciempozuelos, Madrid), Sociedad Española de Historia de la Arqueología.

Pequeñas vasijas o cuencos confeccionados a mano que se romperían para extraer la sal una vez solidificada la masa salobre. Fuente: Cerámicas a mano utilizadas en la producción de la sal en Salinas de Espartinas (Ciempozuelos, Madrid), Sociedad Española de Historia de la Arqueología.

Soporte de barro cocido que servían para sujetar los recipientes cerámicos en los hornos. Fuente: Cerámicas a mano utilizadas en la producción de la sal en Salinas de Espartinas (Ciempozuelos, Madrid), Sociedad Española de Historia de la Arqueología.

Soporte de barro cocido que servían para sujetar los recipientes cerámicos en los hornos. Fuente: Cerámicas a mano utilizadas en la producción de la sal en Salinas de Espartinas (Ciempozuelos, Madrid), Sociedad Española de Historia de la Arqueología.

 

Minerales 

Las evaporitas de la Cuenca del Tajo, están formadas por potentes niveles de yeso microcristalino que presentan textura muy variada; masivos, nodulosos, fibrosos, etc. No obstante, en la mayor parte de los afloramientos los niveles de yeso presentan características de yeso secundario, con fuertes recristalizaciones, por lo que clásicamente se considera que estos yesos se han formado por alteración de niveles de anhidrita que ocasionalmente podía ir acompañando a otras sales. Las modificaciones que han sufrido estas facies han sido lo suficientemente importantes para que en ellas hayan desaparecido todas las texturas originales, por lo menos en las zonas próximas a la superficie. La desaparición de las texturas primarias impide que a partir de ellas puedan deducirse las características deposiciones de las mismas. 

En profundidad y en las zonas más centrales de la cuenca, los niveles de yeso son reemplazados progresivamente por niveles de halita, glauberita y ocasionalmente thenardita, llegando en algunos casos a presentarse estos minerales en niveles bastante potentes y homogéneos, en donde son objetos de explotación. 

En los niveles más superficiales, la presencia de estas sales solubles es excepcional y sólo se encuentran en pequeños porcentajes dentro de algunos niveles de yeso. Entre los tramos de yeso se encuentran intercalaciones de material arcilloso, generalmente poco potentes. Los niveles de yeso también contienen en su interior, como impurezas, materiales arcillosos de composición mineralógica variada. El contenido en impurezas es muy variable, encontrándose desde niveles de yeso prácticamente puro, hasta niveles de arcilla que contienen pequeños porcentajes de yeso. 

En las Salinas de Espartinas, los principales minerales que se pueden encontrar son los que se describen a continuación. 


Thenardita 

Este mineral fue descubierto en las Salinas de Espartinas, considerándose éstas la localidad típica para esta especie. Fue encontrado por Rafael de Rodas en 1.826 y fue analizado por el químico José Luis Casaseca, quien reconoció su composición con una pureza del 99,78%, catalogándolo como una nueva especie mineral y dedicándoselo a su maestro Thenard. Según indica Calderón (1.910), el análisis de la thenardita de Espartinas publicado por Casaseca fue el siguiente. 

Na2SO4: 99,78 
Na2CO3: 0,22 

En este yacimiento, la thenardita se forma por la evaporación de aguas que la llevan disuelta, formando costras cristalinas, así como cristales bipiramidales rómbicos. 

Se encuentra entre los yesos y las arcillas, siendo en ocasiones el mineral dominante, asociada a otras sales como la glauberita, mirabilita, yeso y halita. Forma un conglomerado de grandes cristales que puede incluir masas de yeso blanco sacaroideo y glauberita, dentro de una matriz de cristales de glauberita más pequeños y finamente granados. La masa es tan compacta, que según indicaba Calderón (1.910) en la época los obreros tenían que descolgarla con el pico. Los cristales son semitransparaentes en fractura fresca, presentando bastante brillo, que se pierde en contacto con la atmósfera, recubriéndose de un polvo blanco. 

Ejemplar de thenardita de la Salinas de Espartinas. Foto procedente del libro, Los Minerales de España de D. Salvador Calderón.

Ejemplar de thenardita de la Salinas de Espartinas. Foto procedente del libro, Los Minerales de España de D. Salvador Calderón.



Glauberita 

Este mineral también fue descubierto en España por Dumeril en 1.907 y en las Salinas de Villarrubia de Santiago. 

La Glauberita es un sulfato parcialmente soluble en agua, translúcida o incolora cuando no está alterada, lo que es muy normal cuando el ambiente es húmedo, formándose una capa blanquecina y pulverulenta de mirabilita. Presenta un sabor algo amargo. 

En Espartinas y al igual que ocurre en Villarrubia de Santiago, este sulfato se encuentra en cristales diseminados entre el yeso y mezclado los cloruros y con otros sulfatos sódicos. Igualmente se puede encontrar la glauberita acompañando a la thenardita formando cristales diáfanos e incoloros, generalmente estriados, similares a los de la cercana Mina del Consuelo en Chinchón. 


Mirabilita 

Es un mineral que se altera con mucha facilidad, pasando de ser transparente e incoloro, a tener un color blanco y aspecto turbio. Tiene un sabor salino algo amargo y es soluble en agua. Es un mineral muy frecuente en los niveles salinos de la Cuenca del Tajo y es conocida como sal de Glauber. 

Las primeras referencias a este mineral en la Comunidad de Madrid son debidas a Naranjo en 1.862 quien señaló las grandes fábricas existentes para el beneficio de este mineral, donde se cristalizaba y purificaba el sulfato. En 1.864 Casiano de Prado encontró la mirabilita en las Salinas de Espartinas, donde según indicaba constituía delgados lechos. 

Actualmente en el arroyo que fluye desde la Mina Grande es posible encontrar buenos cristales de este mineral, sobre todo los días de invierno de mucho frío, siendo muy complicado, por no decir imposible su transporte y conservación, ya que en minutos fuera del agua, se altera casi por completo. 


Halita 

Al igual que en otros manantiales y lagunillas salados, en Espartinas la sal común se presenta en forma de sal gema, en masas compactas, blanca, cristalinas y en ocasiones cristalizada. 

Calderón, en su trabajo sobre el origen de la sal común en la Península (1.895) apuntaba la posibilidad de que en el yacimiento de Espartinas y alrededores, deberían existir a cierta profundidad grandes depósitos de sal, producido principalmente por el espesor y la riqueza de los manantiales de la zona. 


Yeso 

El yeso es muy abundante tanto en las Salinas, como en sus alrededores, pero generando en muy pocas ocasiones ejemplares bien cristalizados. Aparece bajo diferentes formas: en masas tanto cristalinas como compactas, en venillas aisladas o entrecruzadas, en hojuelas dispersas entre las arcillas y margas, en lajas de selenita o espejuelo y en algunos casos formando la característica formación de puntas de flecha. 


Epsomita 

La epsomita es la forma mineral del sulfato de magnesio heptahidratado (MgSO4 · 7H2O). Su nombre proviene de la localidad de Epsom (Surrey, Gran Bretaña), en donde desde hace tiempo son conocidos los depósitos de este mineral asociados a las aguas minerales. Es conocida también como sal amarga o sal de La Higuera y suele aparecer como eflorescencias, agregados fibrosos o masas terrosas. 

La epsomita en Espartinas aparece en forma de eflorescencias, asociada a las margas y se puede encontrar en las paredes y techos de las galerías que conforman las minas de las salinas. Igualmente, debido a la evaporación estival de los arroyos que contienen esta sal disuelta, en sus orillas aparecen capas blancas pulverulentas de este mineral. 


Bibliografía 

Sociedad Española de Historia de la Arqueología (2.006); "Salinas de Espartinas, Un nuevo BIC para el desarrollo de Ciempozuelos y su comarca".Ayuntamiento de Ciempozuelos y la Sociedad Española de Historia de la Arqueología (2.006); "Ciempozuelos, fichas para la identificación del patrimonio". 

Valiente Canovas S. y Ayarzagüena Sanz M., (Sociedad Española de Historia de la Arqueología) (2.005); "Cerámicas a mano utilizadas en la producción de la sal en Salinas de Espartinas (Ciempozuelos, Madrid)" 

Tostón Menéndez F. y León Gordillo S., (Sociedad Española de Historia de la Arqueología) (2.007); "Las Salinas de Interior ante la crísis del Siglo XVII en Castilla. El Asiento tomado por Diego Sánchez Matos en 1635", De Re Metallica nº 8, pp. 29-36 

González del Tánago Chanrai, J. y González del Tánago del Río, J (2.001), "Minerales y Minas de Madrid". 

Calderón S. (1.895), "Origen de la Sal Común y de los sulfatos de los terrenos lacustres de la península", Anales de la Sociedad Espanola de Historia natural, Tomo XIV pp. 337-362 

Calderón S. (1.910), "Los minerales de España" 

Doval M., García Santiago P., Domínguez M.C., Brell J. (), "Mineralogia de las arcillas de las facies evaporiticas de la cuenca del Tajo", Trabajos de Geología, Univ. de Oviedo, 15, pp 267-274. 

 

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